Por Francisco Javier Bernales
De vez en cuando, en el ámbito de la ópera, se dan funciones extraordinarias. La de anoche fue una de aquellas. Las razones son muchas, partamos por la más importante: la obra misma, “Tannhäuser”, es una ópera que, a pesar de ser de Richard Wagner —y sabemos que Wagner no es para principiantes—, es hermosísima, de melodías fáciles una tras otra, de apoteósicos momentos corales, de música grandiosa y de escenas íntimas que llegan al corazón de cualquiera. Y eso es lo que le pasó al público de anoche en el Teatro Municipal. Se encontraron con algo inesperado, una obra que les llegó hasta el alma y que les encantó de principio a fin, a pesar de sus tres horas de duración.
Una escenografía convencional ayudó también a que el público entendiera la trama y gozara la música. Con el “modernismo” actual que algunos defienden —basándose en que las nuevas generaciones llegan más fácil a entender la ópera— habría ocurrido precisamente lo contrario, nadie habría entendido nada y el resultado habría sido muy distinto si hubiéramos visto que el protagonista llegaba en una motoneta y que Elizabeth es vendedora de hamburguesas. Afortunadamente eso no ocurrió y la escenografía de Germán Droghetti y Michael Hampe —con la excepción de un Venusberg un poco difuso y demasiado colorido— fue acertadísima y agradable a la vista.
La iluminación de Ramón López completó el cuadro con excelente resultado para lucir el bello vestuario de Germán Droghetti. Las coreografías de Jaime Pinto estuvieron muy bien logradas, con lo que la parte visual quedó muy bien cubierta. La regie de Michael Hampe estuvo a la altura y logró su objetivo: que el público se adentrara en la trama. En lo musical, el concepto y la dirección de Rani Calderón fueron muy acertados, no así la orquesta que partió un poco desajustada pero fue mejorando a medida que avanzaba la función. Capítulo aparte merece el extraordinario Coro del Teatro Municipal y su director Jorge Klastornik. No hay suficiente espacio para detallar la perfección que anoche logró.
En lo vocal se configuró algo muy importante. Vimos una función en que uno de sus solistas es top-one en el mundo. Estamos acostumbrándonos a recibir estrellas que vemos en recitales como solistas, pero apreciar una función completa en que la soprano Eva-María Westbroek interpreta a Elizabeth, no es común. Se trata de una superstar de la ópera con una voz prodigiosa, un volumen impresionante y un profesionalismo que sólo lo vemos en el MET o La Scala. Anoche estaba en el Teatro Municipal y la vimos en vivo y directo, un lujo para no olvidar. Frank van Aken, su marido, ofició de Tannhäuser. Al principio notamos carrasperas amenazantes, pensamos que no llegaba al fin de la función, pero no fue así. Terminó mejor de lo que empezó: buen cantante, típico tenor wagneriano, de amplio oficio y voz grande. Venus, en manos de Natascha Petrinsky, fue quizás lo menos interesante de la función, con una voz no especialmente bella y tampoco totalmente mezzo, pero es una buena artista que transmitió el personaje perfectamente. Después del impacto de ver a Westbroek, lo que más nos gustó fue el extraordinario barítono Markus Bruck como Wolfram von Eschenbach. Bellísima voz, pero aún más impactante fue su musicalidad y su línea de canto. Desearíamos verlo más a menudo por estos lados. Otro acierto fue el Landgrave de Andreas Bauer, bajo que nos recordó el timbre de Kurt Moll. Luis Olivares destacó como Walter, bella voz nacional que, junto al ya muy conocido y aplaudido Patricio Sabaté y los excelentes Juan Pablo Dupré y David Gáez además de Marcela González, completaron una función memorable con mayúsculas, quizás lo mejor en lo que va de la temporada.
Un detalle curioso y no acostumbrado en nuestro público se vio anoche. Prácticamente nadie se movió de sus asientos para poder aplaudir al elenco. En otras funciones aún está sonando la orquesta en sus últimos acordes y ya la gente se está parando para ir a buscar el auto y evitar las largas filas en la caja. Ayer todos se quedaron sentados aplaudiendo a rabiar, caían flores desde arriba, especialmente para la gran Eva María Westbroek. En resumen, una función redonda, un público encantado y sin miedo a ver otro Wagner en el futuro.




A mi me maravilló cuando la vi en el Colón de Buenos Aires. Una obra maravillosa de Wagner. Quien triunfa: el amor carnal o el espiritual?
Me siento feliz y privilegiado de haber asistido a este verdadero acontecimiento que fue el reestreno de “Tannhäuser” en el Municipal después de casi 30 años. Y tal como dice el columnista, Eva-María Westbroek definitivamente se robó la película. Notable también el coro del teatro, que nunca decepciona.