Por Vasco Moulian
@vmoulian
Esta semana no será recordada precisamente por las buenas noticias, sino por la partida de dos grandes del mundo del periodismo y las comunicaciones. Del primero ya hablé el otro día, Sergio “Sapito” Livingstone, y de la otra hablaré ahora, para los mal pensados, que supusieron que me había olvidado de la grandísima Raquel Correa.
Esta mujer de armas de tomar, se fue a los 78 años, dejando un amplio legado en el mundo del periodismo. Para muchos fue el símbolo a lo que debía aspirar todo periodista, independiente a la hora de preguntar sin importar quién fuera el entrevistado. Podía estar frente a un Presidente de la República o un simple alcalde de una comuna sin importancia, pero a ambos los trataba igual, con el mismo respeto y dureza a la vez.
Pocos deben saber que esta Premio Nacional de Periodismo (1991) en su adolescencia quiso ser actriz, pero sólo alcanzo a estar en una obra, antes que su estricta madre supiera y la obligara a salirse de ese sueño de juventud. Siempre fue la rebelde de la familia y eso quizás la ayudó años más tarde cuando abrazó el periodismo a ser conocida por su carácter controvertido, directo, severa, pero sobre todo profesional a la hora de hacer una entrevista.
Si hay algo que admiré de ella, fue su facilidad de robar confesiones y declaraciones exclusivas a líderes políticos en momentos fundamentales de nuestra historia política en las últimas tres décadas. Nadie podía negarse a una entrevista con ella, sin importar el color político sabían que era más peligroso negar la entrevista que darla.
Reconozco que era de aquellos que esperaba “El Mercurio” del día domingo para leer su entrevista del cuerpo D. Disfrutaba con sus preguntas punzantes, era dura, directa al hueso. Pero como lo leí por ahí alguna vez, ella se ufanaba de eso diciendo que ser dura le había dado prestigio, pero a la vez le jugó en contra en su vida profesional.
Lo suyo no era ser protagonista, le dejaba ese honor a sus entrevistados. Quién no recuerda sus entrevistas a fines de los años 80 en “De cara al país” en Canal 13. Me atrevo a decir que el espacio que tuvo Ricardo Lagos en aquel famoso episodio del dedo apuntando a Pinochet fue lo que muchos años más tarde le ayudó a llegar a ser Presidente.
Amaba hacer entrevistas y como a la gran mayoría de los periodistas no le gustaba estar al otro lado de la grabadora, pero aun así nunca negaba una. Menos a los alumnos de periodismo que siempre le pedían una para trabajos o tesis. Prueba de ello es que el día de su muerte, horas antes, había recibido a unos estudiantes en su casa para darles una entrevista para un trabajo de la universidad.
Así era ella, sencilla y directa, sin pelos en la lengua. Tuvo la desfachatez de rechazar volver a la televisión en CNN con un programa, porque pensó que ya no estaba en edad para estar en la tele. Digna hasta el final. No se podía esperar otra cosa de esta mujer de ojos penetrantes que se robó el corazón de los chilenos con lo mejor que sabía hacer: entrevistar. Y por Dios que lo hacía bien. Raquel, allá arriba tienes a varios que se te fueron antes, no dudo que les sacarás una entrevista para el tabloide del cielo. Prenda la grabadora y a escribir.




Me gustaria preguntarte Vasco,para ti cuales son las comunas SIN IMPORTANCIA.Se nota en tu comentario que eres un descriminador. Aprende de la Señora Raquel Correa.Que siempre fue honesta,sencilla,nunca vendida y valiente.Nunca se apego al poder.Como la mejor estuvo en el diario mas antiguo de CHILE.Y como le pagaron.La despidieron por negarse a entrevistar a Edmundo Varas(que falta mas grande que cometio).
Eduardo, me gustaría que tus comentarios fueran con respeto.
Pobremente obvio, mal documentado (por ejemplo el caso Lagos). A esto le faltó “punch”, como a tantas otras cosas en las que Ud, participa.
Debe estar en un etapa de bajoneo grave.
José Agustín
Por primera vez, muy de acuerdo contigo, Vasco..Raquel, la dignificación de nuestro género.
Saludos Vivi y espero que sigas comentando mis columnas. Saludos!