DC: Una oportunidad para ser congruentes
No se entienden las razones por las cuales la directiva de la Democracia Cristiana habría decidido que sería el Consejo Nacional del partido el que decidirá respecto del reemplazo de la senadora electa Ximena Rincón, quien debe renunciar a su cargo para asumir como ministra del nuevo gobierno el próximo 11 de marzo. Si fuera […]
No se entienden las razones por las cuales la directiva de la Democracia Cristiana habría decidido que sería el Consejo Nacional del partido el que decidirá respecto del reemplazo de la senadora electa Ximena Rincón, quien debe renunciar a su cargo para asumir como ministra del nuevo gobierno el próximo 11 de marzo. Si fuera así, la DC estaría perdiendo la oportunidad de demostrar su vocación democrática convocando a elecciones abiertas en la región.
Es cierto que sería totalmente legítima una “designación”, la ley lo permite. Es cierto también que tenemos una mala legislación que no regula adecuadamente las vacancias e incluso hace posible que una función de naturaleza irrenunciable pueda abandonarse para asumir un ministerio. Luchamos demasiados años para terminar con los senadores designados, como para ahora permitirnos reemplazar a una senadora elegida por un o una designada, usurpando la soberanía popular de una circunscripción que, por los próximos cuatro años, tendrá un representante elegido a dedo por las cúpulas de un partido.
¿Hay algo que pueda ser hoy menos confiable para la ciudadanía que “las cúpulas de un partido”? La evidencia muestra que dentro de las instituciones democráticas, los partidos políticos son los peor evaluados. Una decisión de este tipo por parte de la DC sólo contribuiría a deteriorar más el prestigio de los partidos y, con ello, de la política y de nuestras instituciones.
No basta con “consultar a las bases”. Eso no es congruente con la trayectoria histórica de la Democracia Cristiana, que desde sus inicios se ha jugado por defender y ampliar la democracia. Ahí están su oposición a la ley de defensa de la democracia a fines de los años 40, su apoyo a las reformas electorales y políticas para expandir la participación ciudadana, la búsqueda de una salida institucional durante el gobierno de la Unidad Popular, la lucha por la recuperación democrática durante la dictadura, su liderazgo en la transición y, en el último tiempo, el haber sido el partido que más elecciones abiertas llevó a cabo para elegir a sus candidatos al Congreso y a la Presidencia.
Lo anterior no sería congruente tampoco con los propósitos comprometidos de mejorar nuestra institucionalidad democrática a través de una nueva Constitución e, incluso con el apoyo de muchos democratacristianos, de convocar una asamblea constituyente. Si a la primera ocasión de poder demostrarlo hacemos lo contrario, ¿alguien podrá creernos que seremos capaces de una tarea mayor, cuando en un caso concreto y particular como el que se presenta en la VII Región Sur actuamos igual que la UDI y Renovación Nacional, designando un senador o senadora?
Por lo mismo, la Democracia Cristiana tiene la oportunidad de reivindicar la política y de contribuir a mejorar nuestra institucionalidad democrática aprovechando esta circunstancia para hacer lo que predica, eligiendo a quien suceda a Rincón por medio de una elección abierta y, luego, tomando la iniciativa de resolver el tema de las vacancias, que duerme en el Congreso hace años.