La política y el sentido común
“El debate educacional, centrado en mecanismos de selección, arriendos, comodatos o venta de infraestructura, no puede ser más ajeno a los padres”
Me detuvo una señora en la calle y me dijo: “¡Por favor, explíqueme en qué consiste la reforma educacional. Hasta ahora lo único que entiendo es que están discutiendo por allá arriba, lejos del sentido común!”.
Estas palabras, me parece, explican la disminución del apoyo en las encuestas al Gobierno, a la Presidenta y a la reforma educacional. La reforma partió con sobre el 60% de respaldo y hoy tiene 55% de desaprobación.
La política no consiste simplemente en implementar las buenas ideas de los gobernantes de turno. Es más, por muy brillantes que éstas sean, las buenas ideas no se imponen a la ciudadanía. Se requiere convencer, se requiere que esas ideas le hagan sentido a la gente. Se trata, ni más ni menos, que sintonizar con aquello que las personas conectan con su realidad.
El debate educacional, centrado en mecanismos de selección, arriendos, comodatos o venta de infraestructura, no puede ser más ajeno a los padres. Ellos esperaron el cumplimiento de una promesa que apoyaron con su voto y, de pronto, perciben que para cumplir esa promesa, al parecer, se está poniendo en riesgo el colegio de sus hijos. Puede que no estén entendiendo bien, pero lo cierto es que las explicaciones no han sido buenas para ellos. No les sirve que el compromiso se transforme en una reforma estructural, cuyos resultados se verán a largo plazo y que, para ello, habrá que pagar ahora los costos de esta gran transformación.
Perder el apoyo para la reforma y mantenerla como si aquello no estuviera ocurriendo, puede terminar en una gran derrota política para el Gobierno. Tenemos experiencias históricas de voluntarismos que significaron llevarnos al lado opuesto de donde queríamos llegar. El éxito no consiste en sacar las reformas a cualquier precio. Al contrario, cuando un gobierno pierde apoyo ciudadano, tiene que buscar una interpretación que le permita vincularse nuevamente con el sentido común de la gente, de sintonizar con las emociones de la ciudadanía. Si ello no ocurre, las reformas están destinadas al fracaso. Por ello sería bueno que en la discusión en el Senado se hagan las rectificaciones que permitan que la reforma educacional recupere la confianza y la conexión con el sentido común de los ciudadanos.